Con frecuencia, nuestra obsesión por la tecnología nos lleva a situaciones absurdas. No cabe duda de que todos los nuevos dispositivos que nos rodean tratan de hacernos la vida algo más cómoda, pero a veces, el efecto logrado es justo el contrario. Hace ya tiempo que defendí que lo útil es tener un portátil ligero y de altas prestaciones, pero sólo uno, y que sea nuestro verdadero ordenador personal, como lo llamábamos antes. Se empieza comprando un netbook para los viajes, un i-paq porque nos ha impresionado como juguete aunque no sirva para nada, el i-phone porque la blackberry es muy aburrida, (¿se me nota mucho que los productos de Apple no me convencen?) y un sinfín de equipos con los que hacemos casi lo mismo con pequeños matices.
No seré yo el que defienda que no deben existir todas esas opciones. Sin duda que todas ellas tienen su hueco en el mercado. La cuestión que quiero introducir es que debemos ser cautos a la hora de elegir los productos que compramos y no dejarnos llevar por el marketing “ilusionante” de los fabricantes. Tampoco veo que sea un problema el tener más de un dispositivo de uso cotidiano. De hecho, muchísimas personas tienen un ordenador diferente para trabajar y su uso personal. El problema viene cuando la obsesión por los gadgets nos lleva a disponer de un parque tecnológico tan complejo que nos termina ocasionando dolores de cabeza debido a la necesidad de sincronizar información o las diferencias de configuración entre ellos, porque no nos olvidemos que son equipos que tratan de dar solución a un misma necesidad, el acceso a la sociedad de la información, pero de manera diferente, y por tanto funcionan de forma distinta, puesto que han sido diseñados con este fin.
Algunos analistas ya han sugerido un cierto cambio de ciclo y la validez en el futuro de las consecuencias de la Ley de Moore. Es muy probable que la tecnología sigua avanzando de la misma forma y la microelectrónica continúe ofreciéndonos equipos cada vez más potentes y compactos, pero si observamos los avances en el ámbito de la informática doméstica hay un cambio de tendencia. Hace años, los ordenadores eran esencialmente el mismo equipo, pero constantemente los modelos eran superados por otros más rápidos, potentes y con mayor capacidad de almacenamiento. Sin embargo, desde hace algún tiempo, nuestros ordenadores ya no se quedan anticuados tan rápidamente, tal vez porque nuestras necesidades de procesamiento de información no han crecido al mismo ritmo. Esto ha podido ser la razón por la que los fabricantes han cambiado su estrategia hacia la diversidad de equipos, frente a la potencia de los mismos como hacían antes. En definitiva, como no es necesario cambiar de ordenador tan rápido como antes, hay que ofrecer otros productos para asegurar las ventas.
Esto nos lleva a que lo tecnológico vende, y las mismas tareas apoyadas en nuevo equipamiento informático resultan más atractivas para el público general. Si esto supone el avance de la sociedad, el mejor acceso a la información global, y por supuesto, no olvidamos el uso racional de los recursos disponibles, bienvenido sea, pero tampoco caigamos en una obsesión por tener todo tipo de equipos informáticos que nos acaben saturando.