La eficiencia energética es un tema de gran actualidad dentro del mundo de las TIC. De un tiempo a esta parte hay cierta obsesión por ese nuevo concepto de “green IT” del que tanto gusta hablar a los visionarios de la tecnología y las iniciativas en este campo surgen de todas partes. Por un lado los grandes proveedores de tecnología han entrado en la batalla de defender el óptimo consumo de sus equipos, mientras que sus clientes están cada vez más preocupados por el gasto energético, como medida de ahorro de costes en la operación. Según estimaciones de Gartner para el 2008 el 48% de los presupuestos de IT de las empresas están destinados al pago de la factura eléctrica. De igual forma, se considera que con un consumo más eficiente gracias al uso de un mejor equipamiento y procesos más eficientes se lograrían ahorros que pueden llegar a alcanzar un 25%.
El problema tiene por tanto una doble vertiente, por un lado el ahorro potencial de un sector gran consumidor de energía eléctrica, y por otro la preocupación por no incrementar más la demanda energética, ya que trae consigo el temido efecto invernadero por el aumento de las emisiones de CO2. No en vano, según Gartner las ITC son responsables ya del 2% de las emisiones globales de CO2, y lo peor es que el crecimiento parece imparable a corto plazo.
La “green IT” va a seguir dando que hablar en los próximos años, pero según el clásico estudio del ciclo de las tecnologías emergentes está comenzando la fase de desilusión, por lo que tenemos que estar expectantes al desarrollo próximo.

Mientras pasa el tiempo suficiente para juzgar con más criterio esta evolución, creo interesante compartir un pequeño estudio “tekkie” sobre la verdadera eficiencia energética del mundo IT. Hablamos de eficiencia de un motor si comparamos la energía que consume con la fuerza que produce. Para un motor eléctrico se considera razonable una eficiencia energética por encima del 60%. ¿Podemos hacer algo parecido con un ordenador? Vamos a ello:
Los dos parámetros fundamentales de un sistema informático son la capacidad de proceso y de almacenamiento de información. Según investigaciones realizadas en los noventa sobre el cerebro humano, éste tiene una capacidad de proceso superior al billón de operaciones por segundo y un almacenamiento de 1015 bits.
Si asimilamos la cifra de un billón de operaciones por segundo a 1.000 GHz de reloj podríamos hablar entonces de 500 núcleos de CPU trabajando en paralelo a 2GHz, o lo que es lo mismo, 250 microprocesadores actuales. Por otro lado, 1015 bits de memoria son unos 125 TB, lo que representaría el almacenamiento en disco de 250 ordenadores actuales de tipo medio.
Curiosamente hemos llegado a la misma conclusión por dos caminos distintos: un celebro humano tiene la potencia de 250 ordenadores de última generación trabajando en paralelo. Es cierto que el cerebro es infinitamente superior en capacidad de adaptación y aprendizaje, por lo que esta aproximación está hecha de una forma muy burda. Sin embargo, podemos dar por válido el resultado, ya que cualquier corrección de la cifra implicaría una incremento del número equivalente de ordenadores.
Por otro lado, se sabe que el cerebro consume aproximadamente el 20% de la energía del cuerpo humano. Considerando una media de 2.500 Kcalorías diarias y haciendo algunos cálculos resulta que el cerebro utiliza 24.2 vatios.
Conclusión, y si no me he equivocado en algún punto del razonamiento matemático, el cerebro tiene una potencia de 24.2 vatios y equivale a 250 ordenadores. O lo que es lo mismo, un ordenador tiene una “potencia IT pura” del orden de 100 milivatios, que viene a ser el 0.1% de su consumo energético. Comparemos esta cifra con la de cualquier otro equipo consumidor de energía y veremos como en términos de eficiencia, las TIC están tremendamente lejos de otros campos de la tecnología y queda mucho por hacer.

Gran artículo, sí señor! Saludos, Gregorio
[...] al “Cloud Computing” en el punto máximo del ciclo de tecnologías emergentes (ver post “¿es verde la informática?), por lo que hay que observar con cautela la evolución próxima del fenómeno y no caer en los [...]